miércoles, enero 02, 2019

Estoy en oferta


Decidir venderse es una cuestión importante en la vida de cualquier persona.

Todos tenemos un precio, estamos en oferta permanente. Cuando trabajamos en algo que no nos gusta, cuando pasamos tiempo con quien no nos apetece, cuando formamos parte de un sistema podrido... suena el despertador y en el mejor de los casos tienes 8 horas por delante a precio de ganga, cuerpo y mente a cambio de casa, comida y algún capricho que genere ilusión de bienestar.

La esclavitud nunca se abolió, solo la hemos maquillado y la hemos llamado clase media. A veces te vendes por dinero, otras por aceptación social, otras por pereza...
Yo quiero publicar mi libro, podría hacerlo sin ayuda. Podría pagar los gastos, imprimir una pequeña tirada y seguir los cauces tradicionales. No es una cantidad de dinero inasumible, podría mantener la distancia para justificar mi grandeza. 

Digna y distante sí señor, una intelectual estirada y una Dómina fría.

Pero venderse, no como todos hacemos cuando hipotecamos nuestra vida, sino venderse explícitamente, es un paso al frente. Es tomar conciencia de qué quieres y cuánto vales. Y eso me pareció un ejercicio necesario, valiente y hasta divertido.

Un café cien euros. Siendo una escritora desconocida tenía claro quién escogería esa recompensa, no serían fans corrientes, serían sumisos aspirantes o sumisos rechazados. Ese café era cargarme públicamente todo mi sistema y rutina de selección. Ni interminables mails, ni miles de horas de bailarme el agua, ni cita rápida para vernos las caras. Solo cien euros y hablaríamos cara a cara de lo humano y lo divino durante un buen rato. Una puerta abierta a cualquiera, me puse en oferta y me gustó.

Cuando empezó el crowdfunding estaba nerviosa y excitada. En verkami me dejaron claro que los mecenas los aportaba yo, ellos servían de plataforma de pago seguro y poco más. Así que por fin voy a saber cuántos somos.

En esta era, en la que hacer un clic es un “gran esfuerzo” yo estoy pidiendo a mis lectores que además apoquinen. Y el filtro menos elegante, el que nadie quiere usar para catalogar a las personas, es el que mejor está midiendo la calidad de mis seguidores, el vil metal.

La cantidad de trolls que me he quitado de encima ha sido lo mejor de todo este embrollo. Los aduladores de mi talento que no sienten ni curiosidad por descargarse el avance del libro, los que querían comprarme bragas y ligueros pero no tienen 5 euros para comprar el ebook, los que ponían a mi disposición su vida entera pero les viene fatal ir a correos a por una tarjeta prepago, los que se tiran en plancha a los pies pero son demasiado vagos para registrarse en verkami. No sabéis la cantidad de gente que  estaba absorviendo mi tiempo sin ningún tipo de vergüenza, mientras:

los lectores discretos, 
los seguidores fieles 
y los aspirantes serios 
estaban abandonados u ocultos.

Porque, al igual que me he quitado un montón de trolls de encima, estoy descubriendo la gente que me apoya  y la que, en lugar de un fastidio del que escaquearse, ve una oportunidad de oro para conocerme.

Porque realmente es de oro, y vale 100 euros.

Todos tenemos un precio; yo estoy de oferta y estas son mis tarifas.

¿Y tú? ¿Cuánto vales?


No te preocupes tengo para todos. COMPARTEME. ¡Gracias!

2 comentarios:

  1. Trolls es una nomenclatura moderna para denominar a los tontainas bocazas que no saben qué oportunidad están perdiendo...
    Allá ellos...como en la naturaleza, selección natural...

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    1. A ver... esto no es obligado, pero al menos no dar la tabarra coño. No tengo dinero, no puedo retwuitear porque me pillan mis amigos, no sé descargarme un archivo, mañana me pongo, no sé navegar por la red... Pero, a sus pies, pa lo que Usted mande. Anda yaaaaa XDDDD.
      Todos retratados!

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