viernes, diciembre 14, 2018

Diario de una cazadora: el making of (II)


El cabreo que me llevé fue tremendo. No solo por estar "ECHA para mandar", no solo porque un completo desconocido me asaltara queriendo comerme el coño "hasta que te mearas de gusto", no solo por la grima de pensar que "nuestros gustos sexuales son coincidentes"... si no porque mi editor había traicionado mi confianza.

Entre muchos temas habíamos hablado de la importancia de mantener mi privacidad y a la primera de cambio se había ido de la lengua con el primer idiota que le preguntó por mí. Además en una reunión en la que, tranquilamente, yo había estado hablando de mis hijos y trabajo entre otras cosas.

Le pedí explicaciones y su disculpa me supo a poco. Era una disculpa insulsa, con un regusto amargo que daba acidez de estómago. Una disculpa de mierda. 
Me di cuenta de que no podía ponerme en manos de alguien así. Dos de los valores esenciales en mi vida y especialmente en la de Ama Blanca son la honestidad y la discreción. Sin ellos no salgo de casa y espero que me paguen con la misma moneda. Así que di carpetazo a mi editor/perro/chivato y di por cerrado el proyecto.

Pero ya tenía el gusanillo dentro. Había escrito muy poco en todo el año porque no me daba la vida, tenía el blog abandonado y el folleteo un poco también y ahora, por culpa de "L" o gracias a él, volvía a tener esa desazón que me impulsaba a seguir mi consigna: lo pienso, lo hago y lo escribo. Pues nada, ahora además lo publico.

Decidí terminar el trabajo con calma y ver que pasaba.
El Toni me buscó un corrector que tenía muy buena pinta. La cosa se ponía seria, Néstor Belda era el primer candidato para valorar mi obra fuera del gueto de seguidores de internet. Para que se hiciera una idea del libro y decidiera si aceptaba el trabajo, mi marido le envió mi primer relato, a pelo. Un relato que había escrito hacía años para mí, sin corregir, sin repasar, sin pensar... Cuando me enteré quise matarlo, lo más chungo que tenía lo iba a valorar un profesional.
- ¿Pero cómo coño le mandas eso?
Me moría de vergüenza.

Néstor fue muy caballeroso al decir simplemente que tenía "muchos errores gramaticales y ortográficos" pero aceptó el trabajo y a mí me temblaron las piernas.
Después de decidir, ordenar, repasar, completar, buscar un hilo conductor, añadir historias y quitar otras le pasé el manuscrito y esperé la sentencia.

Yo nunca me he tomado esto de escribir en serio. Empecé con el blog a modo de terapia para ordenarme la cabeza y le fui pillando el gusto. Hasta los ebooks que he publicado han sido como un juego. Y después de años de jugar, ahora me enfrentaba al día del juicio final.

Aún así estaba curiosa con el proceso. Empezaron a llegar los primeros textos corregidos, con escandalosos tachones en rojo. Con Néstor aprendí mucho; que hostia (la que te pueden dar) va con h, que soy una magnífica leísta, que hay signos de apertura en exclamaciones e interrogaciones, que se ralla el queso pero que las personas se rayan, trucos para dar fluidez, pequeños cambios que mejoraban la comprensión... Fue muy interesante y profesional. 

Con el Toni mantenía una correspondencia coloquial y amigable, pero a mí no me dejaba pasarme un gramo. Yo le decía a mi marido "Creo que a Belda le caigo mal, ¿por qué?" y él se descojonaba porque me conoce. Yo, que siempre he sido buena estudiante y una niña un poco repelente a la que los profesores adoraban, intentaba hacer bromas y chascarrillos sin ningún resultado. "No me machaques, que soy de ciencias" ,  "¿no te habrás equivocado tú?... Nada, un hueso duro.

Por mi condición de novelista novata y escritora insegura quise hacer mil cambios de última hora.
"Oye Néstor, que he pensado que el final lo pongo al principio, el principio al final, que quito este poema, que cambio de sitio este relato..."
Me llevé una buena bronca. Todo estaba perfecto. Y eso, a pesar del corte que me dió, era bueno. Continuará...





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