domingo, noviembre 25, 2018

El cachorro y el perro viejo

El cachorro es un torbellino, entra en tu vida arrasando con todo, haciendo monerías, cargado de alegría y energía. ¿Quién podría resistirse a un cachorro en plena efervescencia? Su pelo es suave, su piel tersa, sus ojos grandes, ávidos de enseñanzas y experiencias. Es inevitable no encariñarse, querer achucharlo y quedártelo. Su tierna inocencia por un lado y su polla dominada por las hormonas por otro.
Si consigues captar la atención de un cachorro es fácilmente manipulable, es muy sencillo engañarlo con caramelos. "Ven perrito... toma... huele mi coño, es para ti" y el cachorro viene feliz, como un tonto, moviendo la colita y dispuesto a agradar a su Dueña, dispuesto a aprender y dejarse guiar en este despertar a la vida. Lleno de curiosidad y lujuria a partes iguales. 
En ocasiones es un coñazo, hay que educarlo desde cero. Se mea y caga por todos lados, destroza situaciones finamente ideadas con su torpeza e inexperiencia pero, si tienes alma de institutriz, acabas disfrutando tanto de los correctivos como de los premios.
Un problema que surge con los cachorros es que crecen, llega un momento en que necesitan volar y darse unas cuantas hostias. Y cuando ya está adiestrado y empieza a ser un perro en condiciones hay que hacerle la maleta y dejarle marchar con tus bendiciones. Porque es ley de vida y ha sido un trato justo, aunque solo tú y las arrugas de tus ojos sabíais de su existencia.
El atractivo de un perro viejo es distinto. Un perro maduro sabe a serenidad y convencimiento. No en vano ha librado mil batallas, han jugado con él varias Amas que le han impregnado de experiencias, fantasías y desengaños. Un perro viejo no salta ni hace cabriolas pero siempre está ahí, sentado a tu lado y clavando sus ojos en ti, intentando adivinar  deseos en tu mirada para anticiparse a ellos. Fiel y atento a tus caprichos. Ya ha aprendido de sus errores, está disciplinado y tiene claro su sitio, sabe a dónde va y qué quiere.  Por eso su sumisión es absoluta cuando cree haber encontrado el hogar que siempre ha soñado y al que cree pertenecer. Y para ganárselo va a poner todas sus bazas sobre la mesa, porque los años te hacen valorar la exquisita vulgaridad de una Ama sencilla, puta y cabrona y a distinguir espejismos, disfraces y negocios de la puta realidad. Esto resulta muy atrayente para  mí. Porque el perro viejo me entregará hasta el alma si con ello consigue captar mi atención. Puede que sea la última oportunidad de conseguir un collar real, con su nombre unido a mis iniciales. Y como la gallina vieja que empiezo a ser yo también, me relamo pensando en el buen caldo que puedo preparar con su sacrificio y dedicación...

Siempre me pasa igual, mi vida está inmersa en un bucle infinito en el que paso periodos de sequía seguidos de otros de abundancia, y vuelta a empezar. Sé que no es el destino, soy yo la que los atraigo o espanto. Cuando me atrapa la rutina estresante y monótona, sin darme cuenta cierro la perrera, cuando estoy juguetona y divertida vienen a mí los sumisitos, cuando estoy seria y exigente atraigo esclavos maduros. Pero estos últimos días han aparecido en mi vida un cachorro y un perro viejo. Los dos a la vez. Debo de estar divertida, exigente y muy salida.
Estoy jugando con los dos, divirtiéndome y probándolos. Los llevo a la par y compruebo las diferencias de su comportamiento y cómo resuelven mis exigencias. Cada uno con sus virtudes fuertemente marcadas y sus defectos escritos en la cara.
El cachorro es un desastre absoluto, tiene todas las taras que por su corta edad podía prever. Pero todas. Y sin embargo me hace reír. Su agobio, corriendo de aquí para allá para cumplir la mínima orden, que por sencilla que sea se le hace un mundo. Su dualidad, desea las cerdadas más pervertidas y al mismo tiempo se sonroja  solo por tenerme enfrente.  Al fin y al cabo es un millenial que ha crecido detrás de una pantalla, viendo el porno más extremo, pero que, en el mundo real, no tiene un gran bagaje. Y cómo no su cuerpo, pura energía y una pollita que acude corriendo y dando saltitos cuando silbo. 
El perro viejo come de mi mano y desde el primer momento ha decidido apostar fuerte. Su polla, sus manos, su lengua, su tiempo... todo él a mi servicio. Suplica su oportunidad pero la espera paciente y estoicamente, agradecido de que la puta Reina haya decidido dejarse querer y adorar por él. Veinticuatro horas pendiente de su Ama, suple la potencia física con absoluta sumisión a todos mis caprichos. Lo que sea, cuando sea, para siempre.
Totalmente opuestos en forma y fondo, no sabría a cuál elegir.
Así que, de momento, se quedan los dos. 





Libro erótico/festivo/pornográfico que narra las aventuras de una mujer 
que, harta de esta sociedad de mierda, se viene arriba y lo peta.

No te preocupes tengo para todos. COMPARTEME. ¡Gracias!

9 comentarios:

  1. Maravilloso artículo AMA BLANCA. Sabe captar perfectamente a las almas sumisas y luego utilizarlas a su favor, como debe ser. Sin duda que sabrá educar a los dos como Usted merece y acabarán como buenos esclavos, aunque el perro viejo ya come de su mano totalmente.

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  2. Estoy seguro que el perro viejo también comería de su coño, sabe que la obediencia debe ser absoluta desde el minuto 0

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  3. Perdoneme pero creo que si esta bien educado y tiene compromiso, no creo q el joven tenga necesidad de irse.

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    1. Querido anónimo... cada caso es un mundo, pero la endogamia mata y, en general, es bueno tener experiencias y vivir diferentes situaciones con diferentes personas.

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    2. Buenas noches, Ama Blanca. En ambos casos tiene razon, cada persona es un mundo y esa misma persona segun como sea la situacion puede dar dos respuestas diferentes. Y esta claro que en la variedad esta la diversión, pero no creo q sea endogamia decidir mantener una relacion estable.

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  4. Ama Blanca sabe muy bien lo que se dice y tratar a cada uno como se merece

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