martes, mayo 01, 2018

Grandes Amas: Las Amazonas

En la mitología griega existe un pueblo entero de Dóminas: Las Amazonas.
Vivían en una sociedad matriarcal cuya jefa ostentaba el título de Reina. 
Las amazonas era temibles guerreras, instruidas desde niñas en el arte de la guerra, la caza y la doma de caballos. Manejaban toda clase de armas y eran feroces en combate. Y por si esto no fuera suficiente, utilizaban su sexualidad para acojonar y desconcentrar a los enemigos, ya que estaban dotadas de gran belleza. 
Pégolo las define como mujeres hermosas y sexualmente apetecibles que subliman sus deseos sexuales. En batalla vestían una túnica ceñida y corta, con una abertura lateral para que sus enemigos pudieran ver su figura, aunque hay quien opina que en lugar de desconcentrar lo que pretendían era humillar: Su objetivo no era enseñar a los extranjeros que vestían un atuendo fantástico, sino indicarles explícitamente que eran mujeres y estaban guerreando contra hombres (Solís dixit).

Eran expertas montando a caballo, podían bailar sobre ellos, levantarse al galope, saltar de uno a otro  en plena carrera y por su puesto disparar flechas a lomos del animal. 
Su arma favorita era el arco. Esta es la razón por la que siendo bebés se les quemaba el pecho derecho evitando así su crecimiento para que éste no les molestara en el manejo del arco y la lanza. Si después resultaban ser zurdas estaban jodidas, claro.
Por eso alimentaban a sus bebés con el pecho izquierdo, pero ojo, solo a las hembras. Pues de todos es sabido que las amazonas odiaban a los hombres y si parían a uno lo mataban, lo abandonaban a su suerte, se lo empaquetaban al padre o lo mutilaban y se lo quedaban de sirviente.
Tanto los odiaban que vivían aisladas de ellos y su único contacto era para procrear. Unas pocas veces al año se acercaban a pueblos vecinos y tenían relaciones sexuales con el único fin de quedar preñadas. Por lo que podemos imaginar que para otros menesteres se lo montaban entre ellas.
A pesar de ser grandes guerreras siempre, en el último momento y después de mil hazañas eran derrotadas por los griegos. Cachis en la mar! Temidas, deseadas y admiradas, pero en los momentos importantes, en los grandes desenlaces, a la hora de la verdad... eran Hércules, Teseo o Aquiles los vencedores. Aunque no deja de tener cierta gracia que en el momento en que Aquiles le clava una lanza a la reina Pentesilea hiriéndola de muerte, ésta le mire a los ojos haciendo que se enamore perdidamente de ella e infringiéndole un gran sufrimiento con ello. Pobrecito.
Y esto, queridos y queridas, es lo que pasa cuando los mitos, las leyendas y la historia la escriben señores enfermos a los que les traiciona su propio subconsciente a la hora de justificar una sociedad matriarcal. Que ni puta idea vamos. Porque si las amazonas se las hubiera inventado una mujer, serían guerreras sí, pero lucharían para proteger a los suyos. Porque solo puede entrar en la cabeza de un macho acomplejado que una mujer guerrera solo pueda ser compatible con una psicópata odiahombres que mata o mutila a su propio bebé.
No se conoce ni se ha podido demostrar que nunca jamás haya existido una sociedad matriarcal propiamente dicha, es decir, en contrapunto con el patriarcado. Recordemos que por patriarcado se entiende una forma de organización social en la que los hombres ejercen la autoridad en todos los ámbitos; dominan a las mujeres y se aseguran la transmisión del poder y la herencia por línea masculina. El término adecuado para definir las sociedades en las que las mujeres dirigen el cotarro sería sociedades matristas, en las que se ejercería la autoridad femenina pero sin machacar al contrario. 
La antropóloga Anna Boyé ha dedicado una década a buscar y documentar este tipo de sociedades y fíjate tú que no tienen nada que ver con las terribles amazonas. Son sociedades en las que la mujer tiene una autoridad no coercitiva y reconocida por consenso. Hombres y mujeres son complementarios. Ellos no son apartados, aunque en algunos pueblos como los Lakotas son tratados como niños, pero son felices y aceptan con naturalidad la organización social. 
Son sociedades muy amorosas que velan por el interés del grupo, en las que al hombre no le gusta decidir. Pueblos muy pacíficos que tienen en común el respeto por la tierra y el cuerpo de la mujer es venerado como símbolo de fecundidad y amor.
Así que, nada que ver con el cruel y bélico mito de las amazonas. 

Tranquilos chicos, el día en que las mujeres dominemos el mundo esto va a ser una balsa de aceite, de paz, amor y sexo, mucho sexo en el camión.

No te preocupes tengo para todos. COMPARTEME. ¡Gracias!

6 comentarios:

  1. :) bonito artículo, personalmente pienso que ninguna sociedad ha de estar dirigida por hombres o mujeres sino por personas, el día en que las cosas se hagan sin tener en cuenta a qué genero pertenece el ser humano será cuando la humanidad haya evolucionado realmente. Mientras tanto veremos una desgracia detrás de otra, lamentable.
    (Encontré el artículo por casualidad, por eso escribo como anónimo, un saludo)

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    1. Tengo por norma no contestar comentarios anónimos pero como las normas están para romperlas te digo que aparte de la utopía resulta curioso que ese tipo de sociedades sean tan pacíficas y espirituales. Será porque las dirigen mujeres, porque los hombres que las integran son sumisos?
      En cualquier caso es curioso.
      Saludos

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  2. mi querida Ama, eso que nos cuenta suena a película de Disney :-P

    besitos,

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    1. Mira, un tocapelotas de esos de 12 años.
      Un beso ;)

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  3. Rubia, yo ya me cansé de mandar... a mi que me manden pero a divertirme, jejeje...

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  4. Demasiado se ha notado su ausencia. Espero que este tiempo haya desaparecido por algo bueno y no malo. Alguna vez pensé en usted y en escribirla, pero me disuadía a mí mismo para no alimentar mis ganas de usted. Mi parte sumisa está un poco hibernando, a falta de una buena Dómina, pero mi admiración por usted se ha mantenido. Y tras tanto leyéndola y hablando con usted me sigue convenciendo más que todas las chiquillas (y no tan chiquillas) que meto en mi cama, pues usted entró en mi cabeza, ellas en mi cama.

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