lunes, noviembre 06, 2017

Vuelta al redil.

Después de haber descarriado a mi estimado Zombie malcriándolo, mi única opción era rectificar, rápida y firmemente.
Y es que no solo desobedecía mi orden si no que además empezaba a mandarme él a mí (ese "foto tú" tiene más miga de lo que parece). Y el primer correctivo que le apliqué, que además me venía fenomenal porque estoy metida en  unos cuantos follones y no me da la vida, fue ignorarle.
Pasaron varios días con el "foto tú" en la última línea del whatsapp, en un duelo silencioso veía sus últimas conexiones y él las mías.
Última vez ayer 10:13 p.m, hoy 01:34 a.m, hoy 11:27 a.m, hoy 05:45 p.m...
Me sabía ganadora desde el principio pues la oferta y la demanda siempre juegan a mi favor por el mero hecho de ser mujer, y por partida doble o triple por mi forma de ver la vida. Y él era un hombre solo, en un país extraño lleno de racistas y subnormales. Yo era su oasis, así que solo tenía que esperar sentada a ver el cadáver pasar.
El cadáver esta vez vino en forma de llamada y ya se sabe que en estos juegos, el primero que habla pierde.
- Hola, como estás?
- Bien, qué te pasa?
- Nada... ya estoy aquí.
- Ya lo sé, te avisaré para que vengas.
- Cuándo?
- Cuando yo quiera.
- Vale, con dos?
- Con los que yo quiera.
- Vale...
Frases cortas, concisas y directas. Su español no había mejorado, no podía andarme con florituras, metáforas ni juegos de palabras. Y la experiencia me decía que así mi Zombie respondía bien, sabía a qué atenerse y cual era su sitio. Y éste no era otro que el que a mí me diera la gana.
Aún así, a pesar de su "vale" para todo, tenía el regustillo amargo de la puta foto, de la orden que se había negado a obedecer y que era una mancha que marcaría toda la relación posterior.
Cuando se educa siempre se produce una lucha de poder, el maestro y el alumno miden sus fuerzas. Son la potencia y las ganas frente a la experiencia. Y hasta que el maestro no se gana su respeto y el alumno no está dispuesto a hacer cualquier cosa que se le ordene no se puede avanzar. El alumno debe doblegarse a sí mismo y aceptar la superioridad de su maestro. El maestro tiene que imponerse aunque sea a ostias y por cojones, aunque le duela más a él que al aprendiz. Y el alumno tiene que obedecer aún cuando no entienda el objetivo, aunque le parezcan trivialidades, sin plantearse si las órdenes son correctas y sin discutir la utilidad de las mismas. Qué hubiera sido de Daniel Sam si no le hubiera dado cera a todos los coches del señor Miyagi?
Yo tenía un diamante en bruto y no lo iba a estropear de nuevo. Como las buenas maneras no habían funcionado decidí conseguir esa foto fuera como fuera, a ostias y por cojones.
O sea, nada de follar hasta salirme con la mía.
Un día pasé por delante de una peluquería y allí estaba, esperando para cortarse el pelo. Le envié un mensaje.
- El pelo al cero.
Aunque no me quedé para ver su reacción por sus mensajes me lo imagino buscándome a su alrededor sintiéndose espiado por una maga o bruja invisible. "Que?" "Dónde estás?" "Hola?".
- Y quiero una foto de cómo has quedado.
Pero el Zombie volvía a hacerse el remolón. Vaya rollo le había dado con la puta foto, me obligaba a ponerme dura en una tontería que ni me iba ni me venía. Pues nada, seguiríamos sin follar, bueno yo no, él. Nadie dijo que este juego tuviera que ser justo.
Sus mensajes seguían llegando:
- Hola, qué pasa?
- Hola, no quieres follar?
Empezó a desesperarse al ver que no le contestaba y su desesperación se convirtió en llamadas telefónicas que tampoco respondí, 3, 4, 7.... el último día fueron más de 10.
Parece que por fin entendió y el siguiente mensaje fue una foto de mi Zombie muy guapo y sonriente en una tienda, vestía vaqueros y una camisa azul. No era la típica foto que le enviarías a alguien cuyo único contacto se establecía en el dormitorio, pero bastaba.

Cuando llegó a casa ya le estaba esperando con más excitación que enfado, hacía meses que se había largado sin previo aviso y me había quedado con ganas de disfrutarlo. Su carácter risueño y sumiso me resultaban muy apetecibles, su físico grande y bien formado me atraía, sus ganas de follarme me llenaban de seguridad y prepotencia.
Abrí la puerta tan sencilla como siempre, medias de rejilla, taconazo y ropa interior negra y mi Zombie entró sonriente como siempre también. "Hola, hola, como estás?" Nuestra comunicación era basicamente nula, sólo nos entendíamos en la cama. Sonreí de medio lado sin contestarle y le desabroché el pantalón mirándole a los ojos. Metí mi mano buscando su piel suave y sin vello, demasiado tiempo sin ver esa polla que ya consideraba de mi propiedad. Y allí estaba, creciendo a mi contacto, poniéndose dura en un periquete. Intentó besarme pero paré el gesto con el dedo índice izquierdo.
- Shhhhh. No.
Luego pasé mi mano por su perfecta y redonda cabeza. El pelo había crecido unos milímetros. Hacía bastantes días que había pasado por la peluquería.
- Te dije al 0.
- Sí, lo tenía, pero tengo que comprar una maquina para cortar. Es fácil.
Yo le escuchaba disfrutando de su explicación apurada y de su respiración entrecortada porque mi mano no dejaba de subir y bajar mientras le examinaba.
Entonces apreté y aprisionando su polla por la base y tiré hacia mí diciéndole:
- Ven.
Le llevé así hasta el baño de mi habitación. Él sonreía seguramente pensando "esta tía está loca pero es lo que hay", yo sonreía pensando "ya verás ya".
Le senté en el water y me puse a horcajadas encima de él, dejando su polla totalmente erecta delante de mi coño y mis pechos a la altura de su cara. Sus manos me agarraron el culo y su boca se acercó a mis escote pero le solté un bufido y lo dejé firme.
- Quieto! Voy a trabajar.
- Vale
El chico del todo "Vale" aunque no entendiera nada, ese era mi Zombie, por eso era uno de mis preferidos. Cogí un poco de crema suavizante y le embadurné la cabeza. Él sonreía sin acertar a comprender las razones de esta sinsentido que le había tocado en suerte. Me levanté a lavarme las manos antes de continuar con mi tarea y cuando volví a sentarme sobre él alargué el brazo derecho hasta la repisa de la bañera y cogí mi instrumento de trabajo. La Venus, la mejor aliada de la mujer playera.
- Muy quieto, no quiero cortarte una oreja.
Por un momento dejó de sonreír y se quedó más serio que una bala. Serio y quieto.
Empecé a rasurar de delante a hacia atrás, Levantándome para llegar a todos los rincones, cosa que aprovechaba para restregar mi coño contra su polla, o para bajar las tetas recorriendo su cara.
- Quieto.
- Sí, vale.
Cuando acabé le limpié con una toalla húmeda.
Me puse de pie y contemplé mi obra. Estaba orgullosa de mi trabajo, me había salido un hombre a órdenes, una cabeza reluciente y una polla bien dura.
Lo que pasó después fue lo de siempre.
Lo que me a mí me dió la gana.

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2 comentarios:

  1. coño, le salió la peluquería gratis, que morro tiene el Zombie ;-P

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    Respuestas
    1. Sí, estoy pensándome qué le afeito la próxima vez XD

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