domingo, octubre 29, 2017

Historia de un Adiestramiento: Chico (2)

Vamos avanzando.
La verdad es que los sumisos avainillados me están dando menos trabajo y más satisfacciones de las que me esperaba.
Dar órdenes absurdas y que me obedezcan es algo que me divierte mucho. Espero que no se me vaya la mano eso porque me estoy enviciando.
La secuencia es la siguiente, yo lo suelto y lo primero que viene es una sonrisa pensando que voy de coña, a continuación una mueca de confusión en plan "ostia, lo dirá en serio?" y, pasando por una cara de estupor y a regañadientes, llegamos a la rendición.
Demasiado goloso como para renunciar a ello, sobre todo cuando el sujeto no está metido en el mundillo y no sabe cómo ni por dónde le vienen las ostias. 
Cuando estuvo Chico en casa quedaron claras dos cosas:
1- Que no le quería volver a ver con gorra.
y
2- Que la segunda vez que viniera me daría un masaje.
Estos días me lo he encontrado alguna vez en la calle. La primera vez que me lo crucé iba sin gorra, lo cual me agradó. Como tiene prohibido hablarme o saludarme en público, estuvo guiñándome un ojo desde que le divisé hasta que me rebasó. El mismo tiempo que yo le estuve sonriendo y asintiendo con la cabeza como signo de aprobación.  Tenso, disimulando pero con el suficiente descaro para que me diera cuenta. En esos momentos, la sensación es de que todo el mundo te está mirando y preguntándose por qué haces esos gestos y qué relación hay con la persona a la que van dirigidos, pero en realidad nadie se da cuenta de nada, porque la gente suele ir con un piloto automático puesto y como su cerebro no espera historias turbias a las 6 de la tarde en plena calle pues no lo ve, no lo procesa, no existe. Ni siquiera mi acompañante, que me estaba taladrando con una conversación banal, se percató de la anomalía.
Otras veces le he visto con gorra y me he puesto muy seria. A continuación he pasado la mano por mi pelo, deteniéndome en la coronilla y he dado toques con el dedo índice en un claro gesto de "qué haces con gorra ostia?" Con lenguaje corporal sobra, la comunicación no verbal revela tanta o más información que las palabras. En apenas unos segundos y solo con mi mirada Chico se petrifica ante mi potencial enfado, repasa su conducta  mentalmente y busca su error hasta que le ayudo. Le muestro con mi mano el motivo de mi disgusto e inmediatamente Chico se quita la gorra de un zarpazo y la arruga debajo de su sobaco. Y siempre a la vista de espectadores que no se enteran de una mierda, que es parte de la gracia.
Otra cosa que me pasa con Chico es que después de nuestros encuentros casuales le da la urgencia, un resorte que activa ojo, polla, mano, móvil. Y minutos después tengo mensajes con tímidos saludos  seguidos de proposiciones deshonestas. Eso también me gusta, que el mero hecho de verme le haga vencer su timidez y pisotear su orgullo. Cada vez que me ve, me suplica una cita y también le voy pillando el gusto, el gusto a que me suplique. Cuanto más sumiso se muestra mi pequeño aprendiz más cabrona y viciosa me vuelvo.
Y así han ido pasando los días, en realidad muy parecidos a los de antes, cuando solo le hacía caso para putearle. Con la diferencia de que ahora hay una posibilidad de encuentro real en mi mente que me hace estar juguetona y cachonda cada vez que le veo o pienso en él.
Al final se presentó el día y le hice venir sin apenas aviso. Le dije que quería que se pusiera unos slips como los del día anterior (me encantaron!) ya que me iba a dar el masaje en calzoncillos. Cuando llegó le abrí vestida con una bata corta negra y unas sandalias del mismo color que dejaban ver mis uñitas pintadas de rojo.
Había decidido convertir la inspección del otro día en un ritual, así que en cuanto cerré la puerta empecé a manosearle, olerle, comprobar su ropa interior y repasar su anatomía en plan control de calidad. Me había dado cuenta de que apenas entraba en casa se empalmaba irremediablemente e hice la comprobación. Ahí estaba, dura como una piedra desde el minuto 0.
- Así me gusta.- Le dije mientras le pasaba la mano por el paquete.
Me lo llevé a la habitación donde había preparado aceite de almendras y una toalla sobre la cama. Me desaté la bata y la dejé resbalar hasta el suelo dejando a la vista un minúsculo tanga negro y un top de encaje que me cubría el torso.
- Quiero el masaje solo en pies y piernas.- Lo dije a sabiendas de que mi culo iba a estar  visible y  a su alcance, y que tenía la polla a reventar sin ni siquiera haber empezado a tocarme.
- Quítate la ropa.
Mientras él se desvestía para cumplir con su trabajo, me tumbé en la cama bocabajo sin mirarle, aún con los tacones puestos y dejando todo el tren inferior expuesto. Hice unos movimientos a derecha e izquierda, acoplándome a la cama y dejándome envolver por los pliegues de la toalla, separé las piernas unos centímetros, cerré los ojos y me dediqué a esperar. Cuando sentí que se sentaba a la altura de mis rodillas levanté el pie izquierdo y le dije "Los zapatos" . Chico lo cogió con suavidad y lo desabrochó con mucho cuidado, primero uno, después el otro... Los dejó en el suelo y pasó los dedos por la parte trasera de mis rodillas, por fin iba a empezar.
Se echó aceite en las manos y las frotó unos segundos para calentarlas, este Chico no dejaba de sorprenderme, incluso parecía que sabía lo que hacía. Se puso de rodillas a mi lado y empezó a pasar sus manos por mi muslo derecho, bajando a la pantorrilla, llegando hasta el tobillo. Le indiqué que los pies también entraban en el trabajo y les prestó atención inmediatamente. Apretando cada dedo, masajeando la planta, el empeine... Empezó a hacerme suspirar. Con el aceite sus manos resbalaban por mi piel y yo comenzaba a mojar el tanga cada vez que se acercaban por la cara interna del muslo a mi coño. Abrí un poco más las piernas para que llegara mejor al límite marcado. Y antes de que pasara a la otra pierna alargué mi mano derecha buscando su polla.
Ahí estaba, a punto de estallar. Tenía el slip mojado con líquido preseminal, metí mi mano dentro del calzoncillo y le acaricié la punta con el dedo haciendo circulitos, la tenía empapada. Esto hizo que Chico parara un momento de realizar su tarea. Entonces cogí su polla y bajando un poco la tela la saqué fuera de su prisión.
-Déjala así y continua.
Chico resopló cuando al pasar su cuerpo por encima de mis piernas para llegar al otro lado, levanté un poco el culo para rozarlo con su "longitud" (una vez vi esto en una novela rosa para referirse a la polla). Inmediatamente empezó a trabajar con la pierna izquierda.
Dejé que continuara un tiempo, pero saber que estaba masajeándome casi en pelotas, con la polla aprisionada por la goma del calzoncillo, me estaba poniendo muy cachonda. Acabé dándome la vuelta, doblé las rodillas y abrí las piernas. Aparté el tanga con la mano y di dos palmaditas en la ingle. La respuesta de Chico fue inmediata. Enseguida noté su lengua caliente buscando mi clítoris y la entrada de mi coño. Solté el tanga y apreté su cara contra él, estaba tan excitada que me corrí en segundos mientras Chico engolosinado me lamía y succionaba totalmente entregado. Cuando lo hice sujeté con más fuerza su cabeza contra mí, para que sintiera cada oleada y cada convulsión que su masaje me había provocado. Y cuando terminé Chico se quedó lamiendo unos minutos, limpiando con su lengua todos mis fluidos sin prisa, con delicada gula.
Me incorporé, aún me sentía sonrojada y unas microgotitas de sudor mojaban mi frente por la intensidad del orgasmo. Chico se incorporó también y se quedó de rodillas, con la boca y la barbilla mojadas. Aún tenía la polla asomando por el slip tal y como le había dicho. Tenerle de rodillas en mi cama me estaba empezando a gustar. Le besé notando mi sabor salado en sus labios. Solo tuve que agarrar su polla y darle cuatro meneos para que su leche empezará a salir en potentes disparos como siempre.
- Buen Chico.- le dije.- Ya sabes comer coños, la próxima vez te enseñaré a follarlos.

Aunque no sé... Siempre he querido tener un perrito lamedor.



No te preocupes tengo para todos. COMPARTEME. ¡Gracias!

3 comentarios:

  1. Como siempre un placer leerla, me encanta su forma de escribir, y además siempre consigue que acabe con una sonrisa después de leerla, se agradece el humor en estos tiempos tan faltos de ellos, la sigo y en cuanto leo unas de sus historias le envío el enlace a mi esposa, a ella también le gusta su forma de escribir, con esta última historia me dijo que se puso como una moto, en cuanto llegue del trabajo me deleitó con una buena sesión de sexo, cosa que también le tengo que agradecer en parte a usted. Termino animándole a que siga compartiendo sus historias, muchas gracias

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