domingo, septiembre 17, 2017

Historia de un adiestramiento: Chico (1)

El primer encuentro con Chico como Ama ha sido... cómo decirlo sin caer en grandilocuencias? Memorable? Igual me estoy pasando, pero para que pudiera entenderse la razón de mi satisfacción habría que explicar qué pasó la primera primera vez y no quiero empañar este momento de euforia dominante que me embriaga.
Lo que sí voy a contar es lo que ha pasado esta segunda primera vez, que empezó a modo de experimento y con la firme convicción de que Chico no iba a estar a la altura de la suela del peor sumiso que me pudiera imaginar.
Como siempre me llegó su mensaje cuando se acercaba el fin de semana "Hola guapa, cómo estás, nos vemos?" y elegí el sábado para empezar a adiestrarle.
- Ven a las 8.
- Ok.
Cuando se acercaba la hora empecé con el ritual de belleza, que si ducha, que si depilación, que si maquillaje, que si elección de la ropa interior, que si elección de zapatos... Durante todo el rato que duró tenía en mente que estaba perdiendo el tiempo con Chico, que no sabía para qué me molestaba, que lo bien que estaría mirando una peli tumbada en el sofá y que quién me mandaba a mí meterme en berenjenales... En cualquier caso había decidido rematar el trabajo y salir de dudas.
Y para no sabotearme a mí misma había decidido empezar con algo suave. Quizás un masaje, enseñarle a pajearme suavemente, una comida de coño era ya mucho para este traumado pero a lo mejor lo amorraba, quizás. Me mantendría firme pero cariñosa, ya habría tiempo de ponerme cabrona si íbamos avanzando. Esa era mi intención, no asustarle, que no se rompiera antes de empezar.
Y entonces llamaron al timbre. Eran las 8 en puntísimo, lo cual me tranquilizó ya que temía que llegara tarde y que mi bondad infinita se acabase antes de que cruzara la puerta.
Cuando entró yo vestía una combinación de encaje y zapatos negros de 10 cm y Chico sonrió nervioso al verme. Cerré la puerta y le retuve en el Hall un momento, quería ver la mercancía antes de dejarle pasar (la primera vez que me lo follé no llegó a desnudarse, hasta ese punto llegaba la cosa). Vestía una camiseta azul marino y unas bermudas vaqueras, afortunadamente no llevaba puesta la maldita gorra con la que siempre le veo. Le levanté la camiseta y le acaricié el pecho. Al acercarme noté un fuerte olor a sudor. Le había abandonado el desodorante y me debatí un momento entre la excitación por ese intenso olor a macho y el cabreo por su desfachatez al no haber venido a verme niquelado.
- Hueles a sudor. No te has duchado?
- Sí que me he duchado, esta tarde. Pero he tenido que salir y luego he venido directo.
Le dije que se quitara la camiseta y lo hizo a regañadientes, pasé mis manos por su bien formado pecho, le di la vuelta y le acaricié la espalda, sí, me valía. Le volví a dar la vuelta y le acaricié la polla por encima del pantalón, ya la tenía dura como una piedra. Me lo quedaba. Pero no lo quería usado, lo quería como nuevo.
- A la ducha.
- Qué? A la ducha no, ya me he duchado, de verdad.
- Que me da igual, te vas a duchar otra vez.
Le cogí de la mano como a un niño rebelde y lo lleve al baño, le dí una toalla y una orden.
- Venga, a qué esperas?
Se quitó las zapatillas, los pantalones, los calzoncillos (slips! más slips es lo que hace falta en este país!). Me mantuve seria pero por dentro me estaba descojonando. Qué mal lo estaba pasando el pobre. Me apoyé en el quicio de la puerta para ver el espectáculo en primera fila. Completamente desnudo, con la polla dura y una cara de cortado que no se podía aguantar. Se metió en la bañera y abrió el grifo. Yo sabía que el agua caliente tardaba en salir pero Chico tenía tanta prisa por acabar con esa situación que empezó a ducharse con agua fría. De repente cerro el grifo y sacó un pie de la bañera.
- Y el jabón?
- Jabón también?- Al verle con la mirada suplicante y la verga apuntándome no pude aguantar más y le contesté entre risas.
- Pues claro! Jabón también.
Seguí observándole mientras terminaba su suplicio, se enjabonó rápida pero concienzudamente, pasando su mano por todo el cuerpo. La polla seguía dura a pesar del agua fría, no la recordaba tan grande. Yo le analizaba con cara de cabrona sin perderme detalle. Cuando acabó cerró el grifo y antes de salir me preguntó:
- Así? - Muy bien Chico. Empezaba a entender la actitud que debía tener.
- Sí, puedes salir.
No aparté la vista ni un segundo de él mientras se secaba, tenerle completamente desnudo mientras yo estaba subida a mis tacones me provocaba palpitaciones en el coño y una sonrisa de medio lado que me decía que esto no había hecho más que empezar.
Cuando acabó de secarse me miró interrogante y le cogí de la mano hasta llegar a la cama. Le empujé por el pecho hasta que cayó sentado en ella y desde ahí continué empujándole por los hombros hasta que quedó tumbado. El cabrón seguía sonriendo cuando  me monté a horcajadas sobre su abdomen y empecé a besarle. 
Deslicé la mano hasta cogerle la polla y pasarla hacia delante. En esta postura seguí besándole, metiendo mi lengua en su garganta, mordiendo sus labios y pajeando su polla con mi coño y los movimientos de mis caderas. 
- Cuánto hace que no follas? - le pregunté con rintintín.
- Mucho.- respondió con socorrida indeterminación.
Entonces paré en seco, me incorporé y le cogí la polla fuertemente:
- No te quiero ver más con gorra.
- Queeeé? No por favor...
- Ni se te ocurra volver a ponértela, llevas gorra como un crío y yo te voy a hacer un hombre.
- Entonces así mejor?- me preguntó pasándo su mano por la cabeza y sonriendo .
Pero enseguida se arrepintió.
- Es que me gusta mucho, por favor.
Me apiadé de él y suavicé mi orden, más que nada porque yo soy su Ama pero él no sabe que es mi sumiso. Y a lo mejor su límite es la gorra, cosas más raras he visto. Apretándole los huevos un poco más le dije que podía ponérsela con la condición de que si me lo encontraba por ahí se la quitaría inmediatamente.
Y ya puestos y como le veía entregado a la causa decidí sellar nuestro pacto con una comida de coño. Me quité el tanga sin bajarme de mi montura, restregué mi coño empapado por su polla que estaba a reventar y subí hasta su cara para dejarme caer sobre su lengua.
Para ser, lo que yo intuyo su primera sentada en su cara, no estuvo del todo mal, le estuve dirigiendo con mis movimientos hacia donde me interesaba, jugué a agobiarle con mi peso, a restregarme por su nariz, a subir y bajar sobre su lengua. Chico lamió, succionó y chupó sin rechistar hasta que me corrí en su cara. Y solo entonces me bajé de ella y volví a cogerle la polla, tumbada de lado y con una pierna aprisionando su cadera subí y bajé mi mano ensalivada hasta que tres oleadas de leche lo invadieron todo. Mi mano, su polla, su barriga, mi muslo...
- Si quieres follar tienes mucho que aprender.
- Sí, vale.

Y ahora deseando encontrármelo por la calle  estoy.
Y ver como se quita la gorra a mi paso.


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5 comentarios:

  1. Genial, perfecto Mistress, ojalá me hubiese pasado a mi. Mis reverencias

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  2. Jejeje, rubia, rubia... Ya te vale, seguro que la gorra le sienta bien. No seas demonia.
    Beso.

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    Respuestas
    1. Si te digo que en realidad la gorra me la suda pero que me divierte dar órdenes absurdas y que las cumplan me creerías? XDDDD

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  3. ummm, seguro que lo quieres es que se quiete la gorra? jajaja

    me alegro que todo saliese chachi piruli ;-)

    besos, con muuuuucho respeto,

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    Respuestas
    1. Como decía Aníbal, me encanta que los planes salgan bien. Aunque no tuviera planeado nada de lo que pasó.
      Besos

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