miércoles, diciembre 12, 2018

Making-of de Diario de Una Cazadora

Primera parte




En septiembre el Toni puso un anuncio. De vez en cuando me busca cabrones para montarme marimorenas y según lo que salga me va diciendo; este me lo quedo para morbosear en sitios públicos, este para que te folle en casa, te he buscado un comecoños, he encontrado un sumiso ¿lo quieres?

Y así apareció “L”, era un hombre maduro con ganas de todo y abierto a probar cualquier rol, me lo ofreció de perro porque tenía disponibilidad y vocación de servicio. Bueno, pues bien... que venga y que me suba las bolsas de la compra. A ver si tiene tanta disponibilidad y vocación de servicio.

El caso es que cogieron rollo los dos y mi maridito le dijo que servidora tenía un blog y que escribía de puta madre, que para algo es mi maridito. Y casualmente “L” era profesor de literatura, escritor, editor y le encantó el blog. La temática, la prosa, los tacos... todo. Así que dejaron el sexo y la sumisión aparcados y se pusieron a planificar la publicación de una novela basada en las experiencias del blog.

Ese día me tuve que subir las bolsas y empecé a trabajar en ello.

Trabajar con un editor con ganas de someterse es un poco complicado y lo llevábamos regular sobre todo por su falta de experiencia en relaciones D/s. Si le daba un corte realmente se cortaba y yo notaba que no sabía por dónde salir ni cómo reaccionar. Pero ahí estaba yo, con lo refranera que soy y haciendo caso omiso a “donde tengas lo olla no metas la polla”.

Casualmente él acaba de terminar una novela y estaba de promoción, así que, para tener un detalle, aproveché una firma de libros para conocerle en persona y presentarme.

Llegué a la pequeña librería donde era la presentación y no había mucha gente, parecía que todos se conocían, así que yo cantaba bastante con mi falda de tubo, mis taconazos y mi top negro. Nos saludamos, todo era muy cordial y correcto y me senté en la última fila con Toni.

La presentación fue coloquial, como entre amigos. La charla se fue animando y acabamos hablando todos con todos de un montón de cosas con el eje central de la lectura.

Al despedirnos “L” me dió las gracias por haber ido y aprovechó para apoyar la mano en la protuberancia de mi culo, ahí donde pinchan los practicantes. Yo me daba cuenta de que estaba presumiendo ante los asistentes de conocer a la mujer misteriosa que era yo, de mostrar esa familiaridad conmigo y de que todos vieran que me cogía de la cintura para darme dos besos y dejaba la mano en mi protuberancia.

Unos días después, estaba seleccionando los textos, recuperando escritos que tenía olvidados, rememorando anécdotas, sorprendiéndome de mi evolución y avergonzándome de todas las cosas que pensaba entonces y ya no, cuando me llego un mensaje en twitter de un desconocido:



“Hola. Encantado de saludarte por aquí. Recientemente coincidimos en una presentación de un libro. Me quedé prendado de tu belleza. Eres de esas mujeres que al verlas uno dice. Está echa para mandar. Yo personalmente creo que estaría comiendote el coño sin parar hasta que te mearas de gusto. Seguro que nuestros gustos sexuales son coincidentes”.

Pero qué... (continuará)


**************

Haz clic en la imagen y sé mi MECENAS



domingo, diciembre 09, 2018

Pitt

"Mañana tienes que madrugar" le dije. 
"¿Es una pregunta o una orden?" contestó.
Cómo me gusta mi perro nuevo. Tan serio y formal, tan servicial, tan entregado y devoto. Y como no, tan salido. 
"Es una orden Pitt"
Después de una serie de desencuentros iba a ser nuestra primera cita. Un servicio de chófer para llevarme al trabajo. 
Unos días atrás le había dicho que me describiera su fantasía más oscura y vergonzosa. A día de hoy vamos por el cuarto relato y aún no ha terminado de contarme todo tipo situaciones al más puro estilo bedesemero.
Protocolos, collares, azotes, dildos, jaulas de castidad, mucho atrezzo, lluvia dorada, humillaciones de lo más variopintas, cesión... todo aderezado con un toque sado. Un esclavo completo de manual que para nada encaja con mi visión lúdica e irreverente del Femdom. Y sin embargo... me tenía mojando las bragas cada vez que me contaba sus perversiones.



Su aspecto de hombre maduro y responsable en contraposición a su mente calenturienta me pone muy perra. Pero sobre todo sus ganas de ser completamente mío. Un esclavo absoluto, para todo. “Tengo ganas de tener un perro de verdad” le decía hace poco a mi marido. Y como si mi hada madrina me hubiera escuchado, había tocado con su varita a Pitt y me lo había dejado enfente, un perrito abandonado buscando Dueña. Aquí lo tienes, tómalo.
Pitt cumple cualquier orden inmediatamente y siempre ofrece un poco más.
- Pajéate para mí.
- ¿De rodillas?
Pues claro, de puta madre.
- Envíame una foto de la corrida
- ¿Prefiere un vídeo?
Pues venga... ¿cómo decir que no?
- Tienes que llevarme al trabajo.
- Ojalá me dejara recogerla también.
Tan intensito es, que de vez en cuando se asusta a sí mismo y me envía un mensaje de retirada. Y yo no le hago ni puto caso, porque cuando se le pasa el pánico por la intensidad de su propia sumisión, vuelve a mí con el rabo entre las piernas, más devoto, más sumiso, más excitado. Rendido.
Llegó a las 7:30 con puntualidad inglesa, no esperaba menos de él. "Ven guapo y sin calzoncillos, me besarás la mano y me abrirás la puerta. Me sentaré detrás."
Y Pitt impecable cumplió su cometido. A mí, con estas chorradas, a veces me da la risa y así fue, me repantigué con las piernas abiertas en el asiento de atrás, más allá de lo que marcan las normas de la decencia cuando llevas falda, sonriéndole a través del retrovisor y pensando en las mil perrerías que podía hacerle en la media hora de trayecto. Me había preguntado si podría besar mis pies y así empecé. Levanté el pie hacia su cara, llevaba un mocasín con pulsera y un buen taconazo y Pitt lo cogió enseguida y empezó a besarlo por la punta, para subir enseguida a mi empeine y llenarlo de besos y del calor de su aliento.
Joder... pues una buena forma de empezar el día pensé.
Bajé mi pie y decidí comprobar si había venido vestido como le había ordenado. El coche era amplio y me solté para llegar a él pero el chivato del cinturón no paraba de pitar, y Pitt preocupado por mi seguridad parecía Pepito Grillo. "Señora, póngase el cinturón".
En el siguiente semáforo me dejé de protocolos y me senté delante con él. Inmediatamente me pregunto si podía besarme la mano.
"Claro, toma"
Al igual que con el pie la cogió con devoción, llenándola de suaves besos y cerrando los ojos, que yo no sé aún cómo no nos matamos. Yo lo miraba con su  ropa clásica de pijo de ciudad pero me lo imaginaba con su collar, con un plug en el culo caminando a 4 patas desnudo, y tirando de él con una correa dorada. Pidiendo ser mi esclavo, mi wáter, mi puta... Solo yo lo entendía, por eso era mío. 
Bueno, ya vale de besitos. A ver cómo reaccionaba su polla. Empecé a desabrocharle los botones del pantalón. Unos chinos de color beig que tenían más trampas y botones interiores de los que he visto en mi vida. A pesar de no llevar calzoncillos se la pude sacar a duras penas pero no me decepcionó. Ahí estaba la pollita, bien dura desde el primer momento. La empecé a pajear, Pitt suspiraba y resoplaba. "¿Quieres ser mi esclavo o no? Es la última vez que te lo pregunto", "Sí, mi Ama, siempre" decía él con la voz entrecortada. 
Le saque la camisa por fuera para esconder su polla de miradas curiosas. Porque como buen pijillo la llevaba remetida a más no poder.
Le acaricié el pelo y acerqué mi cara a su cuello. Olía bien. Le pasé el dedo por los labios y sin necesidad de palabras abrió la boca. Buen chico, pensé. Chupó mi índice con cara de vicioso, metí el siguiente. Ahora me imaginaba a este señor elegante y sensato, de rodillas, lamiendo el dildo de mi strappon antes de encularle. Iba a convertirlo en un gran comepollas y a disfrutar mucho en el proceso. Cuando saqué mis dedos ensalivados le pregunté:
- ¿Has traído el collar?
En un arrebato se había comprado un collar de cuero negro. Muy bonito, muy ancho. Le obligaba a permanecer erguido y tenia una gran argolla plateada donde enganchar la cadena. Le paré los pies, el collar había que ganárselo y no lo podía usar de momento. Además yo debía ser su custodia porque solo se lo pondría en mi presencia y cuando yo lo decidiera. Glups... Le cambió la cara.
- Con los nervios se me ha olvidado.
- Que no vuelva a pasar.
Le seguí pajeando, la erección no había bajado en todo el trayecto. Pitt tenía los huevos cargados porque le tenía unos días en castidad y necesita pajearse a menudo. Me encantaba verle suspirar con mis caricias y ver su polla a reventar.
Yo tenía las bragas empapadas, pensando en todas las posibilidades que tenía mi nuevo perro. Tenía unas ganas locas de empezar con su  adiestramiento. Y estando ensimismada en estos pensamientos Pitt intentó besarme en un semáforo.
Lo sujeté por el cuello impidiéndolo. "Aquí no hay besos, aquí hay collar". 
Y así llegué a la oficina, a las 8 en punto, con las bragas mojadas y un chófer con la polla fuera.
Le dije que aparcara a unos metros y antes de despedirme me pidió volver a besar mis pies. ¡Claro que sí! ¿a quién le importa lo que yo haga? ¿Cómo no me había dado cuenta todavía de que Pitt es también un puto exhibicionista? 
Me recosté en la ventanilla para que la falda de tubo permitiera subir el pie de nuevo a su boca. Y si no lo quito aún estaría besándolo, sin prestar atención a las señoras que iban a por el pan, los repartidores de la carnicería, los compañeros de la oficina o los vecinos que sacaban al perro. 

Os presento a Pitt, que hace aflorar a la Ama dura que no sabía que llevaba dentro. 
Él saca lo peor de mí, o lo mejor. Ya veremos.



***


Libro erótico/festivo/pornográfico que narra las aventuras de una mujer 

que, harta de esta sociedad de mierda, se viene arriba y lo peta.





Leer más...

domingo, diciembre 02, 2018

El chucho

Exhibicionista, indiscreto, inconsciente, salido, descarado y creído. 

Así se presenta el panorama con el chucho, le auguro dos telediarios conmigo. Me recuerda mucho a Phillip, pero más que pirado está como una puta cabra.

El primer día que quedé con él llegó tarde, sucio y con un regalo de dudoso gusto. Le había ordenado que se pusiera un tanga y un plug en el culo para darle emoción a la cita y así se presentó. Tiene una gran colección de tangas el chucho. El que se puso ese día se lo había robado a la madre de un amigo. Se me había olvidado la de ladrón, entre las muchas cualidades que tiene el chiquitín.

Venía sin duchar porque se le había complicado la tarde. Siempre se le complica todo. Siempre va deprisa y corriendo con mil historias y milongas.

Para cumplir con mis instrucciones se había cambiado los calzoncillos por el tanguita turquesa y se había puesto el plug en el coche, en plena calle. Mientras yo tomaba una cerveza tranquilamente, él me iba narrando sus agobios.

- Ya salgo, Señora.

- Casí me pilla una chica cambiándome, Señora.

- Noto mucho el plug, Señora.

- Estoy aparcando, Señora.

- ¿Dónde está, Señora?

Al fin llegó, con su cara de niño tímido ocultando el pervertido que lleva dentro.

- Eres el peor sumiso que he tenido nunca - le dije.

- Pero el que más le gusta, Señora - había dicho que es un creído ¿no?

Estábamos en el rincón más apartado de una cafetería de señoras respetables. El chucho traía una bolsa con zapatos de tacón de aguja en su interior. Le dije que me los probara allí mismo y con delicadeza subí mi pie hasta apoyarlo en su muslo para que lo descalzara. Me quitó el botín, cogió el zapato y lo puso en mi pie.

- Puede apoyarlo en mis huevos, Señora.

No se cortaba una mierda. Le sonreí mientras miraba el azul eléctrico de los zapatos pensando con qué coño combinarían.

Era la primera cita, la cita rápida la llamo. Simplemente un careo para ver que somos quien decimos ser, para ver que acudimos y nos dejamos ver. Solo 5 minutos para oler, rozar y comprobar el material. Siempre cito a mis aspirantes así la primera vez, no me gusta alargar la situación, los veo, los saludo, los toco y me despido. Pasadas unas horas, tomo una decisión reposada y meditada y les comunico si la cosa sigue adelante o si tan amigos.

Le dije que pagara la cuenta y que se fuera, cumpliendo mi rutina a rajatabla. Pero de repente me acordé del tanga, del plug y de lo exhibicionista que era y cambié de opinión.

- No, no te vayas que quiero ver cómo te queda el tanga.

Sonrió y cuando vino de la barra salimos hacia el parking donde tenía mi coche.

En cuanto se abrió la puerta del ascensor le dije:

- Date prisa, fuera ropa. Es solo un piso.

El chucho se bajó la bragueta con parsimonia y a continuación los pantalones hasta las rodillas.

- Coño! Qué haces! Solo un poco! ¿No ves que se va a abrir la puerta enseguida? 

La risa no me dejaba enfadarme. Su polla semierecta asomaba por el lado de un minúsculo tanga totalmente inútil para esconder sus vergüenzas. Y el chucho, como si estuviera en otra dimensión en la que fuera invisible, rebosaba tranquilidad y despreocupación ante la inminente apertura de las puertas.

Dí un tirón a su ropa y le obligue a subirse los pantalones. La bragueta aún estaba abierta cuando llegamos a la P-1.  

Afortunadamente nadie nos esperaba, me hubiera encantado que nos pillaran, pero no cualquiera, un público selecto, imposible dejarlo al azar. El inconsciente del chucho seguro que no pensaba en la posibilidad de que algún niño se encontrara semejante imagen un día cualquiera de compras navideñas. Para pensar esas cosas ya estamos las personas mayores, responsables y con dos dedos de frente.

Cuando comprobé que no había nadie en los alrededores me dispuse a despedirme.

- No quiere hacerme fotos, ¿Señora?

Sonreí traviesa, jugar con el cachorro era divertido, qué narices! Se apartó hacia las escaleras y saqué mi móvil mientras se volvía a bajar los pantalones. La polla se había puesto más dura, estaba claro que el peligro le excitaba. Miré alrededor buscando cámaras y noté como se desilusionaba cuando le dije que no había ninguna. Mientras le hacía las fotos afinaba el oído por si bajaba alguien.

- Date la vuelta.- quería fotografiar la joya anal que llevaba puesta en su culito.

Y el chucho se dio la vuelta para que pudiera hacer mi reportaje sin problemas. No se veía nada, solo unos cordoncitos colgando que no sabía qué hacían ahí. Le dije que se vistiera entre risas y me despedí sustituyendo los dos besos socialmente aceptados por un escupitajo.

- Gracias, Señora.- respondió.

Llegué a casa y me puse a pensar qué había pasado con el plug y por qué no asomaba la preciosa joya que me había enseñado en fotos... No entendía si me había mentido o qué pasaba, ni qué eran los cordones negros que colgaban de su culo. Hasta que volví a revisar la foto y ahí estaban... Empecé a descojonarme y le envié  un mensaje diciéndole que lo probaría. Becario en prácticas es tu situación, le dije, mis expectativas con él no son muy esperanzadoras. Pero me tienes que explicar una cosa...

- ¿ Por qué coño te metes el plug con la bolsa puesta?

- Es que con los nervios no me di cuenta...

Os presento a chucho.



Libro erótico/festivo/pornográfico que narra las aventuras de una mujer 
que, harta de esta sociedad de mierda, se viene arriba y lo peta.
Leer más...

domingo, noviembre 25, 2018

El cachorro y el perro viejo

El cachorro es un torbellino, entra en tu vida arrasando con todo, haciendo monerías, cargado de alegría y energía. ¿Quién podría resistirse a un cachorro en plena efervescencia? Su pelo es suave, su piel tersa, sus ojos grandes, ávidos de enseñanzas y experiencias. Es inevitable no encariñarse, querer achucharlo y quedártelo. Su tierna inocencia por un lado y su polla dominada por las hormonas por otro.
Si consigues captar la atención de un cachorro es fácilmente manipulable, es muy sencillo engañarlo con caramelos. "Ven perrito... toma... huele mi coño, es para ti" y el cachorro viene feliz, como un tonto, moviendo la colita y dispuesto a agradar a su Dueña, dispuesto a aprender y dejarse guiar en este despertar a la vida. Lleno de curiosidad y lujuria a partes iguales. 
En ocasiones es un coñazo, hay que educarlo desde cero. Se mea y caga por todos lados, destroza situaciones finamente ideadas con su torpeza e inexperiencia pero, si tienes alma de institutriz, acabas disfrutando tanto de los correctivos como de los premios.
Un problema que surge con los cachorros es que crecen, llega un momento en que necesitan volar y darse unas cuantas hostias. Y cuando ya está adiestrado y empieza a ser un perro en condiciones hay que hacerle la maleta y dejarle marchar con tus bendiciones. Porque es ley de vida y ha sido un trato justo, aunque solo tú y las arrugas de tus ojos sabíais de su existencia.
El atractivo de un perro viejo es distinto. Un perro maduro sabe a serenidad y convencimiento. No en vano ha librado mil batallas, han jugado con él varias Amas que le han impregnado de experiencias, fantasías y desengaños. Un perro viejo no salta ni hace cabriolas pero siempre está ahí, sentado a tu lado y clavando sus ojos en ti, intentando adivinar  deseos en tu mirada para anticiparse a ellos. Fiel y atento a tus caprichos. Ya ha aprendido de sus errores, está disciplinado y tiene claro su sitio, sabe a dónde va y qué quiere.  Por eso su sumisión es absoluta cuando cree haber encontrado el hogar que siempre ha soñado y al que cree pertenecer. Y para ganárselo va a poner todas sus bazas sobre la mesa, porque los años te hacen valorar la exquisita vulgaridad de una Ama sencilla, puta y cabrona y a distinguir espejismos, disfraces y negocios de la puta realidad. Esto resulta muy atrayente para  mí. Porque el perro viejo me entregará hasta el alma si con ello consigue captar mi atención. Puede que sea la última oportunidad de conseguir un collar real, con su nombre unido a mis iniciales. Y como la gallina vieja que empiezo a ser yo también, me relamo pensando en el buen caldo que puedo preparar con su sacrificio y dedicación...

Siempre me pasa igual, mi vida está inmersa en un bucle infinito en el que paso periodos de sequía seguidos de otros de abundancia, y vuelta a empezar. Sé que no es el destino, soy yo la que los atraigo o espanto. Cuando me atrapa la rutina estresante y monótona, sin darme cuenta cierro la perrera, cuando estoy juguetona y divertida vienen a mí los sumisitos, cuando estoy seria y exigente atraigo esclavos maduros. Pero estos últimos días han aparecido en mi vida un cachorro y un perro viejo. Los dos a la vez. Debo de estar divertida, exigente y muy salida.
Estoy jugando con los dos, divirtiéndome y probándolos. Los llevo a la par y compruebo las diferencias de su comportamiento y cómo resuelven mis exigencias. Cada uno con sus virtudes fuertemente marcadas y sus defectos escritos en la cara.
El cachorro es un desastre absoluto, tiene todas las taras que por su corta edad podía prever. Pero todas. Y sin embargo me hace reír. Su agobio, corriendo de aquí para allá para cumplir la mínima orden, que por sencilla que sea se le hace un mundo. Su dualidad, desea las cerdadas más pervertidas y al mismo tiempo se sonroja  solo por tenerme enfrente.  Al fin y al cabo es un millenial que ha crecido detrás de una pantalla, viendo el porno más extremo, pero que, en el mundo real, no tiene un gran bagaje. Y cómo no su cuerpo, pura energía y una pollita que acude corriendo y dando saltitos cuando silbo. 
El perro viejo come de mi mano y desde el primer momento ha decidido apostar fuerte. Su polla, sus manos, su lengua, su tiempo... todo él a mi servicio. Suplica su oportunidad pero la espera paciente y estoicamente, agradecido de que la puta Reina haya decidido dejarse querer y adorar por él. Veinticuatro horas pendiente de su Ama, suple la potencia física con absoluta sumisión a todos mis caprichos. Lo que sea, cuando sea, para siempre.
Totalmente opuestos en forma y fondo, no sabría a cuál elegir.
Así que, de momento, se quedan los dos. 





Libro erótico/festivo/pornográfico que narra las aventuras de una mujer 
que, harta de esta sociedad de mierda, se viene arriba y lo peta.

Leer más...